domingo, 25 de septiembre de 2011

Cocaína, precios y violencia importada

Entre el primer trimestre de 2007 y el cuarto trimestre de 2008, el precio de la cocaína, ajustado por pureza, en Estados Unidos se duplicó, según datos aparecidos en el National Drug Threat Assessment 2010 (publicado por el Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas--NDIC). Ajustado por pureza, el precio pasó de 98 a 198 dólares por gramo y se mantuvo elevado durante 2009 (vean la imagen adjunta)

¿Ese ascenso atípico pudo haber estado conectado con el incremento de la violencia en México? No lo sabemos de cierto, pero la teoría merece exploración.

Primero, algunos datos de contexto:
  • En términos reales, el precio de la cocaína en Estados Unidos ha estado en una trayectoria descendente desde inicios de los ochenta: según algunas estimaciones, la caída acumulada en términos reales entre 1981 y 2007 fue de 85%. No hay consenso sobre las causas del colapso de precios, pero puede haber sido el resultado combinado de ganancias de eficiencia de los narcotraficantes, mayor competencia (muchos exconvictos en la calle sin muchas perspectivas laborales legítimas) y la pérdida de popularidad de la droga.
  • Esa tendencia descendente ha estado punteada por diversos episodios de incremento temporal de precios, producto de disrupciones en la cadena de suministro. El más notorio y más largo (hasta 2007) de esos episodios ocurrió entre 1990 y 1991, en el pico de la guerra de Pablo Escobar contra el Estado colombiano. En todos los casos, sin embargo, la tendencia descendente se reimpuso después de unos cuantos meses.
  • El disparo de precios más reciente, iniciado en el primer trimestre de 2007, es inusual por su duración. Treinta meses después del ascenso inicial, ni el precio ni la pureza habían regresado a los niveles previos (desgraciadamente, no se cuenta con información pública sobre la evolución de precios en los últimos dos años). 
  • Nadie puede explicar plenamente las razones de este comportamiento inusual en el mercado estadounidense. Puede tratarse del efecto de una caída de la producción potencial en Colombia, no compensada del todo por incrementos en Perú y Bolivia. Puede ser resultado también de una mayor demanda en Europa y otros mercados (Brasil, por ejemplo) o de mayores esfuerzos de interdicción en la zona de tránsito (particularmente en el Caribe y algunos países centroamericanos).
  • Es necesario señalar que hay mucha incertidumbre sobre la evolución de los precios. Eso se debe a la naturaleza de la base de datos utilizada para seguir los precios de las drogas ilegales en Estados Unidos. Conocida como STRIDE (System to Retrieve Information from Drug Evidence) y administrada por la DEA, la base de datos se construye con compras encubiertas vinculadas a investigaciones judiciales específicas. No se trata por tanto de una muestra representativa, entre otros problemas metodológicos. Existe de hecho un amplio debate entre los especialistas sobre la utilidad del sistema (ver aquí y aquí).
  • En particular, no sabemos con precisión si los precios relevantes para México (los precios al mayoreo en la zona fronteriza) se han incrementado y en que magnitud. En su página de internet, la DEA sólo proporciona información desglosada por estado y volumen de operación hasta 2006. No sabemos que sucedió con los precios al mayoreo en fechas posteriores (salvo algunas referencias no oficiales).
Dicho lo anterior, no deja de ser sugerente la siguiente gráfica:

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La aparente correlación entre los homicidios vinculados a la delincuencia organizada y los precios de la cocaína en EUA no implica, por supuesto, que exista una relación de causalidad entre ambas variables. Y si existe, no es evidente cuál es la causa y cual el efecto.

Sin embargo, la simultaneidad de ambos fenómenos me sugiere que es al menos plausible una teoría como la siguiente:
  • Por motivos fundamentalmente exógenos, se produjo un incremento en los precios al mayoreo de la cocaína en 2007 y 2008.
  • Ante el alza sostenida de precios, los narcotraficantes se ajustaron reduciendo el tamaño promedio de los envíos de cocaína (para mantener constante el riesgo por envío).
  • Ello probablemente implicó un incremento significativo del número de participantes y de transacciones, al menos en el corto plazo (en tanto se ajustaban tanto la oferta como la demanda al incremento de precios).
  • Con ello, los narcotraficantes pudieron haber enfrentado problemas crecientes de control interno (evitar que empleados y mulas se roben la mercancía), seguridad externa (evitar que los rivales o las autoridades intercepten los envíos) y cobranza (lograr que los clientes paguen).
  • En ese entorno, no es improbable que hubiesen decidido hacer un uso más intensivo de la violencia para disciplinar a propios y extraños. Y una vez desatado el proceso, la violencia creció en círculos expansivos de represalias y rompimientos.
Nótese que no digo que así sucedió la historia. Se requiere mucha más información para validar o desmentir la teoría. Sólo afirmo que el disparo de la violencia pudo haber tenido su origen parcialmente en movimientos de los mercados internacionales de droga, no sujetos a control desde México.

La mera posibilidad me lleva a matizar mis opiniones sobre la política del actual gobierno y, en particular, sobre su rol en el incremento de la violencia. Es todavía demasiado lo que no sabemos como para emitir juicios categóricos sobre las cadenas de causalidad. Si alguien afirma con seguridad plena  que fue lo que detonó la violencia en 2008 y quiere reducir la explicación a un sólo factor causal, no le hagan caso: no sabe de lo que está hablando. 

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