lunes, 26 de septiembre de 2011

La ruta no se disputa

Entre las peores tonterías que se diseminan en los medios, se cuenta la noción de que las bandas del narcotráfico se "disputan" las rutas de trasiego de droga (vean esto nota de hoy como ejemplo). El supuesto básico es que los narcotraficantes saben con precisión que entra y que sale de los territorios que presuntamente controlan. Eso es un disparate monumental.

Para entender el punto, es necesario pensar en los volúmenes relativos: al año, la cantidad trasegada de todas las drogas ilegales en todo el territorio nacional probablemente no pase de 6000 toneladas (incluyendo decomisos). Eso cabe aproximadamente en 200 contenedores de tamaño estándar. Tan sólo en Nuevo Laredo pasan todos los años con dirección sur-norte más de 1.5 millones de camiones de carga, además de 40,000 autobuses , más de seis millones de vehículos privados y algo más de cuatro millones de peatones ¿Se enteran los Zetas, presuntos dueños de la plaza, que va en ese mundanal de tráfico? Por supuesto que no ¿Podría un cártel rival pasarles toneladas y toneladas de droga por debajo de las narces sin que se enteraran? Por supuesto que sí ¿Y por qué no lo hacen? Porque el punto no es la ruta como tal, sino los mecanismos de reducción de riesgos. Me explico después del salto de página.

Vamos a suponer que usted se vuelve narcotraficante. Adquiere a crédito una tonelada de cocaína y tiene la intención de contrabandearla al otro lado. Podría, sí así lo desea, apalabrarse con un transportista e intentar pasarla toda en un sólo viaje. Sin embargo, eso resultaría temerario: si por casualidad el cargamento es detenido en aduanas, usted queda en la ruina. No sólo deja de percibir el ingreso que esperaba, sino que le debe varios millones de dólares a unos colombianos no muy amistosos.

Decide por tanto partir la carga en paquetes de 20 kilos cada uno. Ahora tiene dos alternativas. Puede intentar pasar la droga a la brava, con mulas reclutadas in situ. Alternativamente, puede ir con un cártel con  presencia en una ciudad fronteriza y con algunos activos fundamentales para reducir los riesgos del cruce: mulas con derecho a pasar por el carril Sentri, complicidad con policías  para evitar retenes del lado mexicano, connivencia de algunos funcionarios de aduanas de Estados Unidos, halcones de lado y otro de la frontera para advertir de situaciones sospechosas, una bodega para resguardar la mercancía apenas se cruce el puente, contacto con algunos distribuidores de confianza para mover la droga del otro lado, etc.

En la primera alternativa, probablemente le decomisen 20% de los paquetes y en la segunda, sólo 5%. La segunda opción es claramente superior en términos de riesgo. Pero, ¿qué pasa si el cártel en cuestión quiere cobrar muy caro o, de plano, se niega a cualquier precio porque no confía en usted (recuerde que este es un mundo sin contratos ni jueces)? Usted puede llevarse la mercancía a otro sitio, pero probablemente se tope con el mismo problema en cualquier cruce atractivo. Puede jugársela, al riesgo de perder cuatro veces más envíos. O, por último, puede echar bala para obligar al cartel en cuestión a colaborar con usted (a precio razonable) o para quitarle los activos de reducción de riesgos (en particular, el acceso a funcionarios corruptos en puestos clave). En un país donde se puede contratar un homicidio por dos mil pesos, es probable que esta última alternativa sea la más atractiva desde el punto estrictamente financiero.

De lo que se trata en el fondo de una disputa a la Virgil Sollozzo. Si han visto El Padrino I  (si no la han visto, no pierdan tiempo leyendo este blog y corran a rentarla), recordarán que un narcotraficante de nombre Sollozzo (alias El Turco) tiene una reunión con Don Corleone y le solicita que los jueces, fiscales y policías en la nómina de la familia Corleone protejan su negocio de distribución de heroína (a cambio de un porcentaje de las ventas). Don Corleone se niega por desconfianza y porque teme que se le encarezca demasiado la nómina si las drogas se vuelven uno de los negocios a proteger. El Turco decide matar al Padrino, para forzar a su hijo a llegar a un arreglo. Para su desgracia falla, pero la guerra ya está desatada (no les cuento más, por si no la han visto).

Esa es, a mi juicio, la mejor explicación del conflicto en Ciudad Juárez (a menos en sus fases iniciales). Lo mismo en Tijuana, Reynosa o Nuevo Laredo. Y, con las variantes del caso, en puertos de entrada como Tenosique, Lázaro Cárdenas o Altamira, o en puntos intermedios como Veracruz o Tepic. No se trata en ningún caso del control de un espacio físico, sino del derecho a pasar droga con niveles reducidos de riesgo.

Asi que, la próxima vez que lean o escuchen que dos bandas se disputan el control de una ruta, muéranse de la risa y piensen en El Turco. Esa es la clave para entender una matazón que a veces parece sin sentido.

2 comentarios:

  1. Disfruto mucho tus notas y cierta ironía que aparece de vez en ves, en esta más que en otras.

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  2. Muchas gracias. En estos temas, mas vale reír un poco que llorar mucho.

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