martes, 27 de septiembre de 2011

Los límites de la legalización, capítulo tabaco

En una nota publicada ayer en Milenio, se reportaba un presunto aumento del consumo de cigarros ilegales en México en el último año, como consecuencia del más reciente incremento del impuesto especial al tabaco. Según la British American Tobacco, en el presente año, se consumirán en México 200 millones de cajetillas ilegales, 10% del mercado total (contra 2% el año pasado).

No sé si las cifras son confiables ni como se estimaron. De arranque, me parecen sospechosas, ya que la fuente es algo menos que neutral en el asunto de los impuestos al tabaco. No obstante, la nota sirve para ilustrar dos problemas básicos de los argumentos a favor de la legalización de las drogas.


  1. Hay límites a la carga tributaria que se le puede imponer a una mercancía sin crear un mercado negro. En el caso del tabaco, esos límites son relativamente elevados debido a la lealtad de marca, pero existen de cualquier forma: en los años noventa, el gobierno canadiense se vió obligado a bajar de manera importante los impuestos al tabaco para reducir el contrabando. Esas restricciones probablemente hagan incompatibles los objetivos de eliminar el mercado negro y mantener relativamente elevados los precios de las drogas para evitar un incremento importante del consumo. Va un ejemplo numérico para ilustrar el problema. Supongamos que mañana se legaliza la cocaína y que, por razones milagrosas, no cae el precio vigente en Colombia (aproximadamente 2 dólares por gramo). El costo de transporte hasta México sería de menos de 10 centavos de dólar por gramo (mandar un paquete de un kilo de Bogotá a la Ciudad de México cuesta 886 pesos con Fedex). Es decir, puesto en la Ciudad de México, con algún tipo de empaque atractivo, el gramo de cocaína costaría 30 pesos. Asumamos que la estructura de precios fuese similar a la existente para los productos farmaceúticos patentados (precio máximo al consumidor=precio productor x 1.72): después de añadir el IVA, el precio al menudeo sería de 60 pesos. Hoy, un gramo de cocaína, ajustado a 100% de pureza, se vende en la Ciudad de México en 300 pesos, aproximadamente. Para evitar que la caída del precio fuese mayor a 50%, se requeriría establecer un impuesto especial de 90 pesos por gramo. Ese seria un nivel 57 veces mayor por gramo que el actual impuesto al tabaco: eludirlo generaría ganancias económicas de 7,000 dólares por kilo, una cifra  ligeramente inferior a las ganancias que obtienen hoy los narcotraficantes por contrabandear la mercancía a México (~10,000 dólares por kilo). Nadie en su sano juicio lo pagaría. Luego entonces, se tendría que aceptar una caída de precios considerablemente mayor a 50% o bien la reconstitución plena del mercado negro (para una discusión más amplia, ver este libro clásico de Mark Kleiman).
  2. En teoría, es posible diseñar un paquete de regulaciones e impuestos que genere una combinación óptima de costos de control y costos de consumo. En la práctica, cualquier marco regulatorio que se quiera establecer tendría que pasar por el tamiz del proceso político. Pueden estar seguros que una industria legal de la marihuana o la cocaína se activaría política y jurídicamente para socavar las regulaciones e impuestos que se le impongan, tal como sucede hoy con las industrias del alcohol y el tabaco. Sin ningún problema, me puedo imaginar a una Cámara Nacional de la Industria del Cannabis (CANICA) promoviendo amparos en contra de regulaciones sanitarias y cabildeando con los diputados en contra de impuestos especiales, con el argumento de la pérdida de empleos. Dicho de otra forma, probablemente acabaríamos con una regulación subóptima ¿Sería de cualquier forma superior a la situación actual? Quien sabe, porque, como en todo, el diablo está en los detalles.
Como ya lo he dicho antes, en materia de drogas, sólo se escoge entre males y, desgraciadamente, no hay muy buena información para decidir que mal es menos malo.

1 comentario:

  1. Se puede fijar impuestos al consumo de drogas y tal vez las sociedades ricas los hagan relativamente rentables, pero en México jodidos, pobres y obligados a pagar impuestos.

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