miércoles, 28 de septiembre de 2011

Una de Matazetas

Esta entrada va a ser muy breve, ya que el tema me parece una distracción atroz. Sin embargo, puesto que el asunto está por todos lados (ver aquí, aquí y aquí) y la confusión sobre la naturaleza del fenómeno es bastante generalizada, algunos comentarios puntuales resultan necesarios:

  1. Los Matazetas no son paramilitares. En la experiencia latinoamericana (y sobre todo colombiana), el paramilitarismo se refiere a guardias blancas al servicio de la clase terrateniente, organizadas para combatir a grupos guerrilleros, toleradas y hasta protegidas por la autoridad, y con estructura y distintivos de corte militar. En el caso colombiano, las llamadas autodefensas fueron ganando en sofisticación, capacidad organizacional y autonomía conforme se extendió el conflicto, además de imbricarse con el narcotráfico y participar en diversas formas de delito violento (secuestro, extorsión, robo). Sin embargo, y ese es el punto fundamental, nunca perdieron la conexión más o menos cotidiana con el sector terrateniente, algunos segmentos de la clase política y ciertos oficiales de los cuerpos de seguridad. De allí el trato relativamente blando que recibieron durante el proceso de desmovilización y el posterior escándalo de la llamada "parapolítica" (pueden encontrar un buen recuento de esas relaciones entre políticos empresarios y "paras" aquí). Hasta donde puedo observar, esas conexiones están ausentes en el caso de los Matazetas.
  2. Los Matazetas no son vigilantes. El vigilantismo se define como una actividad justiciera efectuada por personas o grupos sin autoridad para ejercerla cuando piensan que los órganos legítimos del Estado no están proveyendo seguridad o justicia. Hay diversas manifestaciones del fenómeno: algunas son relativamente benignas y se asemejan a mecanismos de vigilancia ciudadana (por ejemplo, los Guardian Angels). Otras más son formas de autodefensa de comunidades tradicionales (por ejemplo, aquí y aquí). Existen también manifestaciones mucho más pertubardoras, como, por ejemplo, los llamados grupos de "limpieza social" en Centroamérica, presuntamente financiados por sectores empresariales (George Grayson ha documentado la existencia de algunos grupos de ese género en México). A pesar de la diversidad, todas las manifestaciones comparten una característica común: los vigilantes no están vinculados orgánicamente a un grupo criminal ni se financian con actos delictivos. Pueden convertirse en organizaciones criminales, pero dejan entonces de ser vigilantes.
  3. Los Matazetas son un grupo de sicarios al servicio de un cártel del narcotráfico (el de Sinaloa, al parecer). Punto. Yo no percibo ninguna diferencia funcional o conceptual entre este grupo y otros brazos armados de las distintas bandas de la delincuencia organizada (La Línea, Gente Nueva, los Pelones, las Fuerzas Especiales de Arturo, etc.). Su objetivo es combatir a las bandas rivales, en este caso Los Zetas, para quedarse con sus flujos de ingreso ilícito o proteger los propios ¿Intentan racionalizar sus salvajadas, alegando que sólo buscan librar a la sociedad de secuestradores, extorsionadores y bandidos? Sin duda, pero no hay nada nuevo en ello: la Familia (y ahora los Caballeros Templarios) durante años argumentó que sólo pretendían proteger a la sociedad michoacana de los Zetas. No hay que confundirse: los Matazetas son un grupo de narcotraficantes buscando eliminar a otros narcotraficantes (y probablemente llevándose en el camino a mucha gente no vinculada con la delincuencia organizada). Al menos, no hay evidencia públicamente disponible hasta ahora que indique otra cosa.
Con esto, espero cerrar el capítulo y pasar a temas más interesantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada