miércoles, 12 de octubre de 2011

Narcoislamoidiotas

De seguro ya lo saben: al parecer, el Departamento de Justicia desmontó una conspiración de las Guardias Revolucionarias iraníes para asesinar al embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos (el cual, por cierto, parece como de 12 años), poner una bomba en un restaurante en Washington, y hacer lo propio en la embajada saudí y la de Israel en Buenos Aires.

Para llevar a cabo tan desdeñable plan, los agentes persas contactaron a unos presuntos zetas y les ofrecieron un millón y medio de dólares por todo el paquete (suena barato, francamente). Para su mala fortuna, uno de los zetas seleccionados resultó ser informante de la DEA, el cual, después de bajarles 100 mil dólares de adelanto, los puso con las autoridades estadounidenses (con la colaboración de diversas dependencias mexicanas).

Ignoro si todo lo anterior es cierto, pero si lo es, queda claro que los vecinos no tienen muchos motivos para preocuparse por la amenaza terrorista iraní:
  1.  Los servicios de inteligencia iraníes están poblados por incompetentes que no se tomaron la molestia de realizar lo que en otros giros se conoce como due dilligence, antes de contarle sus maléficos planes a unos perfectos desconocidos. Y además, ¿de cuando acá los Zetas tienen la capacidad de realizar ataques con explosivos en cualquier punto del planeta que no sea Tamaulipas o Nuevo León?
  2. Es facílísimo evitar otra conspiración entre narcos mexicanos y terroristas islámicos. El gobierno de Estados Unidos sólo tiene que diseminar en el Medio Oriente la especie de que cuenta con centenares de informantes en todos los cárteles mexicanos (sea o no cierto). Tengan por seguro que no se les va a volver a aproximar nadie.      

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